Bibliotecas famosas




 Como la de Diego de Colón, hijo del misterioso almirante y descubridor, que llegó a tener más de treinta mil libros, muchos de ellos raros y esotéricos. Invirtió bien el dinero que su padre le dejó. Estaba en Sevilla. 

El conde de Gondomar también tuvo una excelente biblioteca e incluso fue el primero que habló de Shakespeare en la península Ibérica. Shakespeare también está lleno de misterio y sus obras, que no son demasiado numerosas, tienen unos conocimientos y consejos para la vida importantes, como El mercader de Venecia, MacBeth, Hamlet o El rey Lear. Yo me quedo con Francisco de Quevedo, de gran humor y sátira, que estudió en la Universidad de Valladolid en tiempos de la Corte de Felipe III aquí, aunque vivió en el Madrid del rey Felipe IV.

Nuestra biblioteca pública de Castilla y León fue un palacio. Allí nació Ana de Austria, regente de Francia durante algunos años en el siglo XVII y siempre enfrentada al astuto Cardenal Richelieu, nefasto para la Monarquía Hispánica.

Lamento verte partir pero te dejé marchar. Me equivoqué. Ya no volveré. He pagado caros mis errores y mi cobardía. Hasta pronto.

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